Fomento de las competencias durante la infancia y la adolescencia

Enviado por JeannineWeibel
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Este documento os ofrece una breve visión general del desarrollo infantil, en concreto de las competencias. A menudo esperamos demasiado de nuestros hijos o les exigimos más de lo que pueden dar. Tambiénen el trabajo con los más pequeños, donde no vemos a los niños todos los días, es importante conocer su nivel de desarrollo.

Microsistema, mesosistema y macrosistema

La sociología clasifica todos nuestros contactos sociales en un modelo social. A este modelo lo denominan microsistema, mesosistema y macrosistema.

En el microsistema, nos moldean nuestra familia y nuestro entorno más cercano. Esto se aprecia especialmente en la educación de los niños. Un niño de una familia separada, que ha vivido muchas discusiones, reacciona de forma diferente ante los conflictos que un niño de una familia unida.

En el nivel meso, nos marcan las organizaciones. Pueden ser el colegio, el grupo juvenil, la parroquia u otras redes sociales. Los jóvenes, en particular, buscan un punto de apoyo fuera de la familia. Quieren ser independientes. Con el grupo juvenil disponemos de un medio fantástico para influir en los niños desde una edad temprana. Podemos proporcionarles fundamentos importantes para su futuro.

El nivel macro abarca toda la cultura, el sistema jurídico, la política y las normas de una sociedad. El nivel macro es diferente en cada país; en Suiza, incluso varía de un cantón a otro. Un ejemplo típico es la puntualidad suiza. Ni siquiera hace falta salir de Europa para darnos cuenta de que no todo el mundo es tan puntual como nosotros.

Formas de socialización

Además, la sociología distingue tres formas diferentes de socialización. Estas serían la socialización primaria, la socialización secundaria y la socialización terciaria.

Los sistemas micro, meso y macro se aplican a todas las edades. Estas tres formas de socialización se clasifican según las etapas de edad.

Socialización primaria

Corresponde aproximadamente a los primeros tres a cinco años de vida del niño. El niño se socializa principalmente en el seno de la familia. Una habilidad importante es la comunicación. Gracias a ella, puede expresarse y aprende a manifestar su propia voluntad.

Socialización secundaria

Esta etapa nos resulta más interesante como monitores de grupos juveniles. La socialización secundaria abarca la infancia, la adolescencia y la primera etapa de la edad adulta. Es decir, todos aquellos momentos en los que entran en contacto con entornos ajenos al ámbito familiar.

Los niños aprenden a integrarse en el macrosistema. En el grupo juvenil podemos ayudarles a dar este paso. Por ejemplo, organizando juegos en grupo de forma deliberada para que tengan que integrarse.

Socialización terciaria

La socialización terciaria se extiende hasta la vida adulta. Esta fase abarca la vida laboral y la formación de una familia. Sin embargo, esta etapa no es relevante para el trabajo con grupos de jóvenes.

Infancia, de 6 a 11 años

Datos interesantes sobre esta edad

La mayoría ya no cree en Papá Noel. Se vuelven más realistas y su estructura de pensamiento se vuelve más compleja. El pensamiento lógico se desarrolla y la comunicación está muy avanzada. 

A esta edad, a los niños les gusta contar con detalle lo que han vivido. Son capaces de seguir un orden y reconocer las relaciones entre las cosas.

Los niños pequeños y los que empiezan la escuela ven todo desde una perspectiva egocéntrica. Se ven a sí mismos como el centro de su vida y aún no son capaces de empatizar con los demás. En la edad media aprenden a ser empáticos. Desarrollan un fuerte sentido de la justicia. Por ejemplo, no pueden entender que alguien reciba más chocolate sin haber hecho ningún esfuerzo adicional.

A esta edad, los niños aprenden a jugar en grupo. Todavía no conocen la verdadera lealtad al grupo. Puede ocurrir que un niño prefiera jugar solo y que, efectivamente, lo haga. Con el tiempo, esto cambia (aproximadamente en 3.º de primaria). Los niños aprenden a formar parte de un grupo y a cooperar socialmente. También aprenden a ser leales y a no delatarse entre ellos (aproximadamente en 4.º de primaria).

En lo que respecta al grupo de jóvenes

Es importante escuchar atentamente a los niños y no interrumpirlos. Los niños necesitan contar lo que han vivido. 

Sed justos con los niños. Si alguien se ha esforzado más, debe recibir más, y viceversa. No pongáis en duda sin motivo su recién adquirido sentido de la justicia.

No esperéis demasiado de los niños en los juegos en grupo. Les encanta jugar en grupo, pero aún no se identifican plenamente con el grupo. Dejadles también la libertad de hacer algo diferente a lo que habéis planeado, algo que puedan hacer solos, sin otros niños.

A los niños les gusta chivarse porque aún no tienen sentido de pertenencia al grupo. La situación se complica cuando tenéis niños más maduros, que ven el chivado como una falta hacia el grupo, y niños más lentos, para los que chivarse sigue siendo algo normal. Intentad ser justos con ambos y no ofender a ninguno.

Desarrollo de la fe

La fe cobra cada vez más importancia a medida que aumenta la sed de conocimiento. A los niños de esta edad todavía les encantan las historias. Sin embargo, si la persona de referencia del niño no es creyente, existe el riesgo de que el niño considere que las historias de la Biblia son falsas o incluso que son cuentos de hadas. El niño en edad escolar define como «real» aquello que puede observar, oír o percibir con los sentidos. La dificultad radica ahora en explicarle al niño que el Dios invisible también es real (Romanos 1, 4-6). 

Durante la infancia, los padres suelen ser la figura de referencia más importante. Alrededor de los 10 u 11 años, los niños empiezan a cuestionar las actitudes de sus padres y a escuchar las opiniones de otros adultos cercanos a ellos.

A muchos niños les cuesta distinguir entre lo científico y lo cristiano, por lo que dividen su vida en dos. Por un lado, la de la escuela dominical, donde se cree en Jesús y las historias son reales. Por otro, la vida escolar, donde se cree en el Big Bang. Mientras no se solapen, a la mayoría de los niños no les importa que no todo cuadre a la perfección.

A los niños que aprenden a confiar desde pequeños les resulta más fácil a esta edad. Les resulta más sencillo confiar en los adultos, por ejemplo, en los profesores, y creer que dicen lo correcto. A los niños que han crecido sin confianza les resulta más difícil en diversas situaciones de la vida.

Los niños son increíblemente activos. A esta edad, el «hacer» y el «ser» van inevitablemente de la mano. Para ellos es inconcebible una fe que se limite únicamente al plano del pensamiento y los sentimientos. Quieren hacer cosas que le gusten a Jesús. Aprender haciendo no solo es pedagógicamente correcto, sino también teológicamente. 

En relación con el tiempo de silencio, la oración o la reflexión

En vuestra reflexión, utilizad representaciones teatrales, objetos o imágenes. Hay que tener cuidado de no hacer demasiado hincapié en los milagros de la Biblia. Los niños los encasillan rápidamente en la categoría de cuentos de hadas y, cuando llegan a la adolescencia, los descartan junto con Blancanieves y los siete enanitos. El eje central de las historias debe ser siempre destacar el amor de Dios y que Él quiere ser nuestro amigo. 

El monitor del grupo juvenil debe aceptar y asimilar las teorías de la psicología del desarrollo. Exigir demasiado a los niños desde una edad temprana les perjudica más de lo que les ayuda a progresar.

Entre otras cosas, hay que tener en cuenta que los niños menores de 11 años aún entienden todo tal y como se les dice; por ejemplo, «Jesús llama a tu corazón». Los niños pueden interpretar que Jesús realmente está llamando a la válvula cardíaca. En este sentido, sería mejor decir: «Jesús quiere ser tu amigo».

Como monitor, hay que prestar mucha atención a no malinterpretar las reacciones de los niños ante los mensajes evangélicos. Si, por ejemplo, un niño se queda sentado aburrido y arranca unas briznas de hierba, eso no significa automáticamente que no esté asimilando nada. La mayoría de las veces, en el niño se está produciendo un proceso y hay que tener paciencia hasta que concluya.

Probad también a revivir con los niños una historia de la Biblia. Por ejemplo, id juntos a un pozo y reflexionad sobre cómo se sintió José. O realizad con ellos otro programa de pedagogía experiencial.

Lista de competencias

La adolescencia, de los 12 a los 16 años

Datos interesantes sobre esta edad

Hacia el final de 6.º de primaria, la mayoría empieza la pubertad. Las chicas empiezan ahora a preocuparse por su aspecto. Pueden pasar horas en el baño y delante del espejo. A los chicos les empieza un poco más tarde, pero son igual de vanidosos que las chicas. Les importa su imagen y lo que los demás piensen de ellos. 

Los niños se han convertido ahora en adolescentes. Pasan cada vez más tiempo en grupos de amigos. La opinión de los padres ya no es tan importante. Lo que más cuenta es lo que piensan sus compañeros. Las normas del colegio pasan a un segundo plano cuando todo el grupo las incumple.

La rebeldía frente a los padres se convierte en algo habitual. En los momentos de ira que a veces pueden surgir y que ponen los nervios de punta, a veces se dicen palabras desagradables por ambas partes.

Al llegar a la adolescencia, uno no se convierte en una persona nueva. El desarrollo del adolescente se basa en los cimientos de su infancia.

Los adolescentes están inmersos en una intensa búsqueda de sí mismos. Necesitan constantemente que se les confirme que tienen buen aspecto o que sus granos no se notan en absoluto. En la pubertad se produce un gran cambio físico, pero también uno psicológico. La lucha interna que libran puede dar lugar a frecuentes arrebatos de ira, que desbordan a muchos padres.  La pubertad resulta muy difícil para los adolescentes que no han experimentado ni amor ni confianza durante su infancia. Ahora tienen que desarrollar su propia personalidad sin que nadie les haya dicho jamás que son valiosos.

Los adolescentes son capaces de seguir razonamientos complejos. A diferencia de los niños, que necesitan una secuencia lineal, pueden comentar los acontecimientos desde una perspectiva más amplia. Esto significa, por ejemplo, que pueden contarte lo que su profesor les ha explicado sobre la democracia sin tener que contarte toda la historia previa.

Uno de los temas más importantes para los jóvenes es el amor y las amistades con el sexo opuesto. En los medios de comunicación actuales se transmite una imagen totalmente errónea de cómo debería ser una relación perfecta. Dado que los jóvenes están especialmente en busca de respuestas en este ámbito, necesitan apoyo. Aunque a muchos monitores les resulte difícil encontrar las palabras adecuadas, se debe hablar abiertamente de este tema. Se debe transmitir a los adolescentes desde muy temprano y con claridad lo que Dios piensa sobre la sexualidad.

Son temas importantes que a menudo se consideran tabú en los círculos cristianos. Una relación es buena siempre que cuente con la bendición de Dios. Esta frase todavía no tiene mucho sentido para los jóvenes. El resto de la clase también solo quiere salir con la persona más guapa. Debemos volver a dejar claro a los jóvenes el verdadero sentido de una relación. Esto también implica tener paciencia y esperar a la persona adecuada.

En lo que respecta al grupo juvenil

Un joven necesita una persona de referencia fuera de la familia en la que pueda confiar plenamente. No obstante, la familia sigue siendo muy importante. Le da seguridad al adolescente.

Como sabemos que los jóvenes se orientan mucho hacia el grupo, también debemos intentar motivar a todo el grupo. Nuestra oportunidad como monitores es aprovechar esta cohesión grupal. Debemos convertirnos en una parte del grupo que ellos acepten. Pero no como un lobo con piel de cordero que quiera encasillar a los jóvenes en un esquema adulto. Si una propuesta de actividad no tiene buena acogida entre los adolescentes, no hay que insistir en la autoridad, sino ceder de vez en cuando. No obstante, hay que tener en cuenta que esto no se aplica a las normas de seguridad ni a los riesgos de accidente. Como monitores, intentad poneros en el lugar del grupo y abordad los temas que les preocupan. Aquí se necesita cierta espontaneidad. Por lo general, los adolescentes son escépticos. Son difíciles de motivar y, en realidad, solo quieren pasar el rato. Intentad sacarlos de su reserva.

Desarrollo de la fe

Los adolescentes creen lo que creen sus amigos. Eso puede ser el consumismo o, en el mejor de los casos, la fe cristiana. Debido a los cambios de humor que experimentan, sentirse bien pasa a ser más importante que las propias convicciones. 

En algunos casos, los jóvenes se convierten solo porque el resto del grupo también lo hace o porque quieren complacer a su responsable de grupo. Por eso, no es de extrañar que un adolescente comience a dudar de su fe cuando cambia su grupo de referencia. Sin embargo, con la edad, la fe puede ganar en solidez y convertirse en una convicción firme.

A pesar de los caminos bien trazados en el pasado, nadie puede predecir cómo seguirá desarrollándose una persona. Muchas personas no van más allá de la fe de grupo o no desean seguir evolucionando. 

A finales de la adolescencia, o a veces nunca, surge la fe en busca de respuestas. La toma de conciencia de la propia identidad estimula la búsqueda de respuestas. Si, por ejemplo, un adolescente procede de un hogar cristiano y se ha convertido públicamente desde muy temprana edad porque se esperaba eso de él, puede que siga tratándose de una fe basada en la pertenencia. Cuando el adolescente se enfrenta a otros puntos de vista que no provienen de su idílico mundo cristiano, esto puede resultarle abrumador. Empieza a buscar y a probar cosas nuevas, a buscar nuevos objetivos en la vida de los que más tarde podría arrepentirse.

Tras la fe en busca de respuestas llega la última etapa: la fe propia. En esta etapa, la persona ha descubierto la fe por sí misma, independientemente de un grupo o una cultura. Esta fe no tiene por qué ser necesariamente la cristiana. En otras religiones o creencias se aprecia una etapa de desarrollo similar. Por eso, al evangelizar, hay que tener cuidado de no reprocharles que su fe sea errónea. La fe cristiana debe anunciarse de tal manera que se les motive a confiar personalmente en este Señor.

En relación con el tiempo de silencio, la reflexión y la formación

Primero hay que ganarse la confianza de los jóvenes. Solo cuando los adolescentes consideran que una organización es buena, es cuando realmente asimilan algo. 

En las actividades y los juegos participan si pueden reunirse con el grupo. Aceptan lo evangélico, lo importante es que el grupo esté presente.

También en la reflexión es importante entusiasmar a todo el grupo. No obstante, no hay que olvidarse de ninguno de ellos. En lo que respecta específicamente a la fe, hay que procurar llegar a cada uno de ellos. Si conseguimos que un adolescente sienta que Dios se interesa por él, aunque no forme parte del grupo, habrá dado un gran paso en su vida de fe.

Como animador juvenil se necesitan sobre todo dos cosas: paciencia divina para reconocer el momento adecuado y amor por las mariposas. Muchos adolescentes son muy volubles en la fe y aún no tienen constancia. No te enfades con ellos si alguna vez dan unos pasos atrás en su vida de fe. Con el tiempo, quizá vuelvan a dar unos pasos hacia adelante.

Lista de competencias

Conclusión

Sin embargo, hay algo que no debemos olvidar: aunque podamos dividir a los niños en grupos, cada uno de ellos sigue siendo una persona independiente, con sus propias características y su propio nivel de desarrollo.

Dios ha hecho que cada persona sea única. Siempre habrá niños más fáciles y otros más difíciles. Para poder dar a cada uno el mismo amor, recuérdatelo una y otra vez. 

Créditos de la imagen

Imagen de portada: Juropaarchiv, www.juropa.net

Lista de competencias: Jeannine Weibel